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11-M: UNA GRAN MENTIRA

El 11 de marzo de 2004 hubo un operativo criminal que causó la muerte de 192 personas en Madrid, pero no parece que muchas personas se hallan percatando de lo que ha ocurrido. La opinión pública del Estado español sigue dividida básicamente en dos:

 

  • aquellos que aceptan sin rechistar la versión oficial que acusa de los hechos al “terrorismo internacional” islamista
  • quienes quieren creer que, si bien pudo haber participación de integristas islámicos, ha podido haber intervención de ETA o de adversarios políticos del PP.

Ninguna de estas tomas de postura entre la población tiene su origen directo en el análisis de lo acaecido aquella mañana de marzo, sino en la actitud que tomaron las organizaciones políticas ante aquellos hechos pocas horas después.
La proximidad de las elecciones y el bipartidismo político y social que domina la vida política española desde hace décadas son los factores que encendieron y avivaron la polémica.

  • La primera versión, impulsada por el PSOE y por medios de comunicación próximos a él (El País, Cadena SER, etc.), es la que conseguirá mayor credibilidad social, ya que va a contar con el importantísimo respaldo de una investigación policial y judicial dirigida desde el principio a confirmarla. De esta “investigación” y del correspondiente juicio saldrá una sentencia pública que habrá de ser asumida por todos como la verdad.
  • Las otras hipótesis mencionadas, cuyos principales defensores son personas próximas al PP y su constelación de medios (El Mundo, La Razón, Cadena COPE, Libertad Digital, etc.), sólo pueden aspirar a sembrar dudas, pero sus propagadores saben que esas dudas serán indelebles.
  • Existen también algunas pocas personas, entre las que nos encontramos, que perciben cada vez con más claridad e indignación creciente que ninguna de esas versiones explica lo ocurrido aquel jueves 11 de marzo.
    Las versiones que conocemos están contaminadas desde el principio por los mezquinos intereses políticos de los dos grandes partidos y en ningún caso persiguen la verdad. Y no lo pueden hacer porque lo que ocurrió fue algo muy distinto que no puede ser asumido públicamente por ningún representante del sistema político.
    La hipótesis que nosotros manejamos prácticamente desde el principio y que creemos que debe cobrar cada vez más fuerza es que los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid y del 7 de julio de 2005 en Londres no responden a una clave local sino internacional, y que fueron operativos especiales efectuados con éxito por agentes pertenecientes a un organismo al servicio de la administración estadounidense.

PSOE y PP: Años de encubrimiento

La hipótesis que adjudica la autoría de los atentados de Madrid a un grupo islamista sigue haciendo aguas por los cuatro costados. Recapitulemos:

  • En una operación ejecutada con suma perfección, una serie de artefactos de enorme potencia estallaron casi de forma simultánea en cuatro trenes diferentes a una hora punta y provocaron el efecto buscado: una matanza indiscriminada de civiles.
  • Las características de las deflagraciones y los daños causados en los vagones apuntan a la utilización de explosivos de carácter militar colocados en la parte inferior de los trenes durante las horas previas.
  • A pesar de que nadie sabe cómo efectuaron la huida, los asesinos, tan precisos para ejecutar su acción y sortear la vigilancia de las estaciones y los trenes, dejaron a la vista de todos un vehículo que contenía referencias al Islam y detonadores y que ni siquiera intentaron esconder o destruir.

  • Si alguien opta por creer que los representantes de una nebulosa inconexa formada por:
    • contrabandistas locales de explosivos
    • un propietario de locutorio en Lavapiés
    • traficantes de drogas
    • chorizos de barrio
    • confidentes policiales
  • ejecutaron esta extraña acción por razones que ni ellos mismos han sabido explicar, está en su derecho de hacerlo. Puede engañarse a sí mismo, pero no le vamos a permitir que juegue con nuestra inteligencia.
  • A pesar de su supuesta militancia política y religiosa, curiosamente ninguno de los detenidos y procesados ha admitido su participación en los hechos o su militancia.
    Esto es algo completamente insólito para todo aquel que conozca mínimamente los rasgos de cualquier movimiento islamista.
    Ni rastro del orgullo del muyahidin: los detenidos por el 11-M no sólo no han justificado, defendido o explicado su acción sino que han negado en todo momento cualquier relación con lo sucedido. Ni siquiera han realizado una defensa de sus supuestas convicciones ideológicas. Y no es que guarden silencio, ni mucho menos: cada uno de ellos ha declarado para defender su inocencia. Y las únicas pruebas que la policía dice tener son afirmaciones del tipo de “existen testigos protegidos que han reconocido a varios de ellos” (no hace falta deducir que nadie sabe ni sabrá nunca quiénes son tales testigos), “hay huellas” (claro que hay huellas de los detenidos y de todo el mundo en muchas partes, pero veremos cómo ninguna está vinculada a los escenarios concretos de los crímenes), “compraron y utilizaron móviles”, y “W conocía a X, éste habló una vez con Y, y éste tenía relación con Z, que es uno de los muertos en Leganés”…
  • Como consecuencia de lo anterior, los testimonios de los encarcelados y las “pruebas” no producen una reconstrucción de los hechos. La supuesta reconstrucción ha tenido que ser realizada de acuerdo al guión previamente elaborado por los encargados de la “investigación”, y en ella tiene un papel clave la operación policial de Leganés. Los responsables policiales sabían casi desde el primer momento que les estaba vetado acceder a los verdaderos autores, así que necesitaban cuanto antes unos cuantos cadáveres que sirvieran como cabezas de turco: si se anunciaba que la autoría material correspondía principalmente a unos terroristas que se habían inmolado, sería mucho más sencillo cerrar posteriormente el caso.
  • En la Comisión de Investigación creada en las Cortes los responsables policiales negaron la autoría de “Al Qaeda” y se inclinaron por acusar a otra entelequia islamista. Pero, de hecho, nadie ha podido certificar la autenticidad de ninguna de las supuestas reivindicaciones, y no se ha podido vincular a ningún detenido con ellas.

Lo que nadie quiere contemplar

Las únicas acciones terroristas en Europa comparables a las ocurridas en los últimos años en Madrid y Londres son las masacres de civiles ocurridas en Italia desde finales de los años 60 hasta casi la mitad de los años 80 del siglo XX, y que provocaron alrededor de 150 muertos.
Años más tarde una investigación oficial italiana concluyó que la “red Gladio” fue la autora de muchas de estas masacres dentro de la estrategia de la tensión encaminada a destruir el peligro comunista en Italia, y que esta red estaba vinculada a personas que trabajaban para la Agencia Central de Inteligencia de EEUU.
Las masacres de Madrid y Londres, y con toda seguridad algunas otras que han ocurrido en diferentes partes del mundo, sólo pueden explicarse en el marco de la estrategia política internacional del bloque dirigido por EEUU y sus aliados (principalmente Gran Bretaña e Israel). Esta política utiliza como eje la “lucha contra el terrorismo” y sus objetivos principales son la ampliación, cohesión y control interno del bloque y el mantenimiento de su hegemonía militar, política y económica en las zonas estratégicas del globo. Estos operativos especiales cumplen en este esquema la función de hacer presente al supuesto enemigo.

Es necesario investigar la relación del operativo de Madrid con un simulacro de atentado de la OTAN ( cmx2004 )que estaba realizándose durante aquellos días en otro punto de Europa con una estimación de 200 muertos.
En Londres una empresa privada estaba realizando un ensayo antiterrorista en el mismo momento y lugar en que explotaron las bombas del 7 de julio de 2005.

Ambos ensayos, siendo diferentes, pudieron servir de cobertura para perpetrar las masacres.
A pesar de que en 2004 era una de las capitales del mundo con mayores recursos y efectivos destinados a la lucha antiterrorista, el atentado se perpetró en Madrid entre otras cosas porque los criminales disponían de infraestructuras y podían moverse sin dificultades y porque la participación del Estado español en la ocupación de Iraq apuntalaría la hipótesis islamista, como así ha sido. Esta última razón también se tuvo en cuenta al elegir Londres como objetivo un año más tarde.
De esta forma, cada uno de los “tres de las Azores” ha tenido en su propio territorio un atentado indiscriminado contra civiles (2001, 2004, 2005).

 



Los organizadores del operativo no comunicaron su ejecución al gobierno local.
El gobierno español, a pesar de ser aliado, no debía estar al tanto del asunto porque eso conllevaba riesgos.
De cualquier forma,

  • el lugar del atentado,
  • las características de éste,
  • el carácter simbólico de la fecha (día 11, a dos años y medio exactos del 11-S)
  • y la furgoneta con los versículos coránicos y detonadores eran claves que se facilitaron para que el gobierno local reaccionase correctamente a la agresión terrorista.

Además, durante las horas inmediatamente posteriores a la matanza servicios secretos de otros países (incluídos, por supuesto, los estadounidenses) advirtieron a sus homólogos españoles cuál era la dirección que debían tomar en la investigación.
El PP se percató pronto de lo que ocurría pero no supo actuar con agilidad; sin embargo, el efecto colateral de la discusión interna no supuso un contratiempo para los asesinos y ha contribuido hasta hoy a ocultar la verdadera autoría.
Por lo demás, a la postre se ha demostrado que el gobierno del PSOE sigue en lo fundamental a las órdenes del comando central del Imperio:

  • por un lado España sigue apoyando a EEUU política y militarmente en multitud de frentes (Haití, Afghanistán, Libia...)
  • y colabora de facto en la ocupación iraquí (forma a la policía del régimen creado por los ocupantes);
  • por otro lado, EEUU mantiene relaciones fluidas con el gobierno español y
  • Condolezza Rice da su apoyo a la idea de la “alianza de civilizaciones” formulada por Zapatero.

Los objetivos de los asesinos se han cumplido: los atentados de Madrid y Londres se efectuaron con éxito, prácticamente nadie parece haber detectado su verdadera autoría y sus efectos políticos en la Unión Europea y en otros países son perfectamente visibles en las políticas internas, en los cambios de legislación y en la continuidad de la cuestión antiterrorista como prioridad social y política de las diferentes cancillerías.
Los dirigentes del PP, el gobierno del PSOE y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no han sido culpables ni cómplices de los asesinatos, pero con el tiempo se han convertido en encubridores y protectores de los criminales:

es obligado pensar que tras el 11-M los máximos representantes políticos del PP y del PSOE obtuvieron información sobre lo que pudo haber pasado a través de la policía y de los servicios secretos. Sin embargo, por evidentes razones de Estado ocultaron la verdad, de forma que siguiendo las orientaciones facilitadas por servicios vinculados a los asesinos, tuvieron que zurcir apresuradamente una rocambolesca historia que apuntara al islamismo radical como culpable.

Con el ánimo de cerrar el caso herméticamente y de aparentar que no podía quedar un resquicio para la duda, los responsables policiales y judiciales exageraron el resultado de la “investigación” hasta lo grotesco:

  • 80.000 folios de sumario
  • 116 imputados
  • 400 “pruebas”
  • 200 perfiles de ADN.

Pero atención: aunque pueda parecer increíble, a pesar de este gigantesco volumen de información que constantemente se filtra a los medios la policía reconoce que “falta mayor concreción en determinar todo lo relacionado con la planificación”...
No hay que ser un lince para deducir que

  • la supuesta mochila que no estalló,
  • el uso de móviles,
  • el artefacto del AVE,
  • la cinta de video junto a la mezquita,
  • la operación de Leganés,
  • el hecho de desguazar los vagones llenos de información de alto valor dos días despues del atentado (eliminación deliberada de las pruebas),
  • la implicación de una red de tráfico de explosivos desde Asturias
  • y absolutamente TODOS los demás aspectos de la “investigación” oficial

no son sino COLOSALES PATRAÑAS cuyo único objetivo es ocultar la verdadera identidad de los criminales y fabricar una explicación aceptable para la opinión pública.
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El tiempo demostrará que

  • ni las personas que se dice que murieron en el piso de Leganés
    ¿quiénes eran?,
    ¿qué se hizo con ellos?,
    ¿qué se inhumó en los nichos del cementerio de Leganés?
  • ni ninguno de los detenidos tiene nada que ver con la comisión de los atentados.

El carácter de confidentes y delincuentes comunes de algunos de éstos se explica simplemente por la necesidad que tenía la Policía de recolectar “culpables” entre delincuentes que podían ser procesados por otros motivos y que por tanto no iban a quedar libres rápidamente.
El PP, a pesar de sus titubeos iniciales, contribuyó decisivamente a la construcción de esta explicación oficial. Precisamente por eso sabe que es una teoría con los pies de barro y ahora, en el colmo de la abyección y la hipocresía, no tiene escrúpulos en usarla como arma arrojadiza contra el gobierno (“queremos saber quién ha sido por dignidad nacional”, dicen), con la confianza que da tener la certeza de que el PSOE también debe obediencia a los criminales y que no puede dar marcha atrás.

Un nuevo orden

Existen indicios muy importantes que vinculan los operativos de Madrid y Londres con el mando central del Imperio.
En todas las guerras hay vencedores y vencidos, y la Guerra Fría fue ganada por EEUU. El comunismo ha perdido por ahora la categoría de principal adversario y las condiciones que justificaban aquel conflicto han desaparecido, pero la administración norteamericana y sus aliados han trabajado desde entonces sin descanso para definir un "nuevo enemigo" de nuestra civilización: el terrorismo islamista.
Y ante la inactividad en suelo europeo de ese enemigo fantasmal, la administración imperial no ha dudado en realizar un par de operaciones especiales que personificaran el Mal ante los ojos de una aturdida población.
El objetivo no habría sido otro que colocar la estrategia de la “guerra contra el terrorismo internacional” como punto central en las agendas de los países europeos, de forma que se produjeran, entre otros, los siguientes efectos:

  • modificación de legislaciones antiterroristas,
  • progresivo recorte de libertades sociales y políticas
  • y dependencia de la política internacional europea hacia el liderazgo mundial de EEUU.

Esto es exactamente lo que ha ocurrido en los últimos años.

Descubramos a los asesinos

La vía hacia la consolidación del nuevo orden continúa mientras los movimientos pacifistas y antiimperialistas europeos no son capaces de reaccionar.
La mayor parte del movimiento pacifista y antiimperialista ha demostrado carecer de honestidad e inteligencia política.
Su única respuesta ante la descomunal manipulación de las autoridades ha sido el silencio, cuando no el alineamiento en el sector socialdemócrata de la infamia. Y aunque hay quien intuye que la extrema derecha no ha sido la única que ha mentido, hemos preferido tragar todos los anzuelos antes que pensar por nosotros mismos y actuar en consecuencia.

El ejercicio del derecho a autoengañarnos y el temor al vacío han adquirido prioridad frente a cualquier otra cosa, y, junto a la mentira, el único vencedor ha sido el modelo político que responde a un sistema y dos partidos.

Aunque estamos plenamente convencidos de que los hechos no sucedieron como unos y otros dicen que ocurrieron, no somos tan ingenuos como para pensar que alguien va a confesar lo que realmente sabe. De hecho, es muy probable que pasen décadas antes de que las versiones oficiales comiencen a desmoronarse a los ojos de la opinión pública. En un país en el que, por ejemplo, se sigue aceptando con infantil ingenuidad la versión oficial de lo sucedido el 23 de febrero de 1981, es muy difícil encontrar personas con arrestos para investigar hechos de la magnitud de los de Madrid. Pero dada la importancia de lo ocurrido y la trascendencia de conocer la verdad, queremos hacer un llamamiento a luchar contra la cobardía. Dejemos de autoengañarnos, destruyamos las mentiras:

  • de la policía,
  • de los jueces,
  • de los principales partidos
  • de los medios de comunicación e intoxicación que sólo funcionan como correas de transmisión de los grandes partidos y
Denunciemos de una vez a los asesinos y a todos sus encubridores.
Que nadie en el futuro pueda acusarnos de haber permitido con nuestra inacción el triunfo de la barbarie imperialista.


Cubiertas y cartas de Gabriel Noris Noguera

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